Palabras clave (-por ejemplo- colombia,conservacion,reserva natural,etc):
Permalink Responder a Claudia Lorena Hernández el abril 9, 2010 a las 5:59pm
Permalink Responder a Gustavo Alfredo Galeano Molinas el julio 1, 2010 a las 5:44pm
Permalink Responder a Ruido Photo el julio 8, 2010 a las 10:46pm
Permalink Responder a Carlos Villalon el julio 10, 2010 a las 8:05pm
Permalink Responder a Guillermo Arias el julio 13, 2010 a las 1:34pm
Permalink Responder a Carlos Villalon el julio 23, 2010 a las 4:28pm
Permalink Responder a Guillermo Arias el julio 26, 2010 a las 11:57pm
Permalink Responder a Daniel Caselli el julio 27, 2010 a las 5:51pm Hola Guillermo.
Es un tema importante.
Actualmente estoy desarrollando un proyecto en torno a la participación civil ante el fenómeno de la violencia en México.
Se titula
MEXICO ROTO: El dolor de la violencia.
Puedes verlo en mi perfil de Nuestra mirada.
El texto que lo acompaña es el siguiente:
En México, la violencia nos sacude a diario, nos golpea desde las páginas de los periódicos y desde los videos de noticiarios televisivos; se transforma en imagen sonora mediante la radio, en mensajes multimedia en el ciberespacio. Nos envuelve, nos intoxica individual y colectivamente hasta desencadenar aún más violencia. México es un país roto.
Diariamente buscamos una explicación a la violencia en México. Nos preguntamos sobre su origen, adoptamos posturas personales o políticas ante las múltiples situaciones que la detonan o incluso, ahondando más en la conciencia, reparamos en nuestras propias formas de actuar ante ella, o descubrimos cuándo, cómo y por qué somos violentos. Nuestro país se resquebraja.
Ciudades, poblaciones o comunidades provenientes de todo grupo social; son testigos del vecino asaltado, del amigo secuestrado o del familiar muerto, victimados, heridos, mutilados o abandonados a su suerte merced a la impunidad. Las historias de terror y dolor en clave noticiosa o periodística inundan de páginas sangrientas los kioscos; sus imágenes y relatos nos asaltan desde que despertamos.
Pareciera que ya lo hemos visto todo, y aunque seguimos angustiándonos, sintiendo miedo y dolor -un dolor que nos invade y punza como propio- hemos perdido ya nuestra capacidad de asombro ante una violencia que aparenta no tener fin. Este mal, adjudicado en su totalidad a lo que suele denominarse “crimen organizado”, ha venido gestándose durante muchas décadas.
Quizá las explicaciones más plausibles del crecimiento exponencial de la violencia masiva en los últimos tres lustros, y sobre todo en el más reciente, se encuentren en la estratégica ubicación geográfica de México, vecino de uno de los mayores mercados de droga del mundo; en los cambios en la estructura de la lucha antidroga en EU en los noventa; en el consiguiente traslado a nuestro territorio de la disputa por la distribución de estupefacientes, y en el cambio de “preferencias” de los consumidores de EU hacia drogas sintéticas provenientes de Asia, lo que fortaleció aún más a los cárteles mexicanos, que “ampliaron” sus negocios al secuestro y la piratería.
Según datos publicados en la edición digital del cotidiano inglés The Guardian, México ocupó en 2007 el lugar número 79 en el Índice Global de Paz, elaborado por el Instituto para la Economía y la Paz, listado que incluye a 149 países. Tres años más tarde, en 2010, caímos 28 puestos, llegando al lugar 107.
Pero más allá de las cifras, tan vertiginoso crecimiento de la violencia podría sugerir que ésta siempre ha latido entre nosotros; que podemos seguirle las huellas en nuestra historia milenaria, en la literatura, en el cine; en las imágenes fotoperiodísticas. Que es, en suma, un fenómeno mucho más complejo
En nuestra cotidianidad, incesantemente se vierten signos que refieren directamente a la violencia, que comienzan a tomar forma y a revelarse en múltiples señales y códigos que nos remiten al dolor, a la impunidad, a las víctimas, los delincuentes, los gobernantes o los cuerpos de seguridad.
La crudeza de la noticia puede expresarse más allá de imagen directa del periodismo, mediante símbolos sutiles, que evoquen la brutal realidad acumulada en este México Roto que nos golpea desde el dolor, el miedo, la rabia, la frustración, la impotencia, la desesperación y la lacerante necesidad de encontrar soluciones.
Enrique Villaseñor Septiembre 2011
Saludos.
Hola Guillermo.
Es un tema importante.
Actualmente estoy desarrollando un proyecto en torno a la participación civil ante el fenómeno de la violencia en México.
Se titula
MEXICO ROTO: El dolor de la violencia.
Puedes verlo en mi perfil de Nuestra mirada.
El texto que lo acompaña es el siguiente:
En México, la violencia nos sacude a diario, nos golpea desde las páginas de los periódicos y desde los videos de noticiarios televisivos; se transforma en imagen sonora mediante la radio, en mensajes multimedia en el ciberespacio. Nos envuelve, nos intoxica individual y colectivamente hasta desencadenar aún más violencia. México es un país roto.
Diariamente buscamos una explicación a la violencia en México. Nos preguntamos sobre su origen, adoptamos posturas personales o políticas ante las múltiples situaciones que la detonan o incluso, ahondando más en la conciencia, reparamos en nuestras propias formas de actuar ante ella, o descubrimos cuándo, cómo y por qué somos violentos. Nuestro país se resquebraja.
Ciudades, poblaciones o comunidades provenientes de todo grupo social; son testigos del vecino asaltado, del amigo secuestrado o del familiar muerto, victimados, heridos, mutilados o abandonados a su suerte merced a la impunidad. Las historias de terror y dolor en clave noticiosa o periodística inundan de páginas sangrientas los kioscos; sus imágenes y relatos nos asaltan desde que despertamos.
Pareciera que ya lo hemos visto todo, y aunque seguimos angustiándonos, sintiendo miedo y dolor -un dolor que nos invade y punza como propio- hemos perdido ya nuestra capacidad de asombro ante una violencia que aparenta no tener fin. Este mal, adjudicado en su totalidad a lo que suele denominarse “crimen organizado”, ha venido gestándose durante muchas décadas.
Quizá las explicaciones más plausibles del crecimiento exponencial de la violencia masiva en los últimos tres lustros, y sobre todo en el más reciente, se encuentren en la estratégica ubicación geográfica de México, vecino de uno de los mayores mercados de droga del mundo; en los cambios en la estructura de la lucha antidroga en EU en los noventa; en el consiguiente traslado a nuestro territorio de la disputa por la distribución de estupefacientes, y en el cambio de “preferencias” de los consumidores de EU hacia drogas sintéticas provenientes de Asia, lo que fortaleció aún más a los cárteles mexicanos, que “ampliaron” sus negocios al secuestro y la piratería.
Según datos publicados en la edición digital del cotidiano inglés The Guardian, México ocupó en 2007 el lugar número 79 en el Índice Global de Paz, elaborado por el Instituto para la Economía y la Paz, listado que incluye a 149 países. Tres años más tarde, en 2010, caímos 28 puestos, llegando al lugar 107.
Pero más allá de las cifras, tan vertiginoso crecimiento de la violencia podría sugerir que ésta siempre ha latido entre nosotros; que podemos seguirle las huellas en nuestra historia milenaria, en la literatura, en el cine; en las imágenes fotoperiodísticas. Que es, en suma, un fenómeno mucho más complejo
En nuestra cotidianidad, incesantemente se vierten signos que refieren directamente a la violencia, que comienzan a tomar forma y a revelarse en múltiples señales y códigos que nos remiten al dolor, a la impunidad, a las víctimas, los delincuentes, los gobernantes o los cuerpos de seguridad.
La crudeza de la noticia puede expresarse más allá de imagen directa del periodismo, mediante símbolos sutiles, que evoquen la brutal realidad acumulada en este México Roto que nos golpea desde el dolor, el miedo, la rabia, la frustración, la impotencia, la desesperación y la lacerante necesidad de encontrar soluciones.
Enrique Villaseñor Septiembre 2011
Saludos.
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